viernes, 29 de diciembre de 2023

SANTS MELCIOR, GASPAR I BALTASAR

Adoración de los Reyes. Témpano de la Iglesia de Santiago d'Agüero (Huesca)

Hoy celebramos la fiesta de los Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar. Sólo el Evangelio de san Mateo habla de estos "magos", aunque no precisa sus nombres, ni que fuesen reyes, ni que fueran tres. Fue en el siglo III d.C. cuando se estableció que pudieran ser reyes, ya que hasta entonces, por sus regalos y las iconografías que los representaban, tan solo se consideraba que eran personas pudientes. También en este siglo se estableció su número en tres, uno por regalo.

Los nombres actuales de los tres reyes magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, aparecen por primera vez en el mosaico de san Apolinar el Nuevo, en Rávena, que data del siglo VI d.C., en el que se distingue a los tres magos ataviados al modo persa con sus nombres escritos encima y representando distintas edades.

A finales del siglo XV d.C., al rey Baltasar se le representa con la tez negra, y los tres reyes, además de representar las edades, representan las tres razas conocidas hasta la Edad Media. Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos.

Según una tradición, los restos de Melchor, Gaspar y Baltasar se encuentran en la Catedral de Colonia, en Alemania. Allí está el Relicario de los Tres Reyes Magos.

En España a partir del siglo XIX se inició la tradición de convertir la noche de Reyes, noche anterior a la Epifanía, en una fiesta infantil con regalos para los niños, a imitación de lo que se hacía en otros países para el día de Navidad, en homenaje al santo oriental san Nicolás. Fue en 1866 cuando se celebró la primera cabalgata de Reyes Magos en Alcoy, tradición que se extendió al resto del país y posteriormente a otros países, especialmente a países de cultura hispánica.

El término "mago" se utiliza para referirse a "hombres sabios", o hombres de ciencia. Ellos, siguiendo una estrella, buscan al rey de los judíos que ha nacido. A Jesús le presentarán oro, incienso y mirra.

La tradición llamó "reyes" a los magos en referencia al Salmo 72 (10-11), que proclama: "Los reyes de occidente y de las islas le pagarán tributo. Los reyes de Arabia y de Etiopía le ofrecerán regalos. Ante él se postrarán todos los reyes y le servirán todas las naciones".

En los primeros siglos hay representaciones pictóricas en las que aparecen dos, cuatro, seis y hasta ocho Magos. No obstante, el fresco más antiguo de la adoración de los Magos data del siglo II y se encuentra en un arco de la capilla griega de las catacumbas romanas de Priscila, y allí aparecen tres.

Melchor es graficado generalmente como un anciano blanco con barba en representación de Europa, y ofrece al Niño el oro, por la realeza de Cristo. Gaspar representa la zona asiática, y ofrece incienso por la divinidad de Jesús. Baltasar es negro por los provenientes de África y regala al Salvador la mirra, sustancia que se utilizaba para embalsamar cadáveres, y que simboliza la humanidad del Señor. En la época que se les empezó a pintar con estas características no se tenía conocimiento de América. Los tres hacen referencia a las edades del ser humano: juventud (Gaspar), madurez (Baltasar), y vejez (Melchor).

Sobre la estrella de Belén que vieron los Reyes Magos se han construido varias hipótesis. Antes se decía que fue un cometa, pero estudios astronómicos indican que al parecer se debió a la conjunción de los planetas Saturno y Júpiter en la constelación de Piscis.

Es probable que los Reyes Magos supieran algunas profecías mesiánicas del pueblo hebreo, y por eso llegaron a Jerusalén, al palacio de Herodes, preguntando por el rey de los judíos.

El Papa Francisco, el 6 de enero del pasado año 2023, explicó el significado de los tres regalos de los Reyes Magos. El Papa dijo que son "tres preciosos dones que también nos conciernen a nosotros".

En primer lugar, el Papa Francisco se refirió al "don de la llamada", y destacó que "Dios nos llama a través de nuestros más grandes deseos y aspiraciones. Los Magos se dejaron asombrar e incomodar por la novedad de la estrella y se pusieron en camino hacia lo que no conocían... Se sintieron llamados a ir más allá". En segundo lugar se refirió al "don del discernimiento", "porque los Magos no se dejaron engañar por Herodes sino que saben distinguir entre la meta del viaje y las tentaciones que encuentran en el camino (...)¡Qué importante es saber distinguir la meta de la vida de las tentaciones del camino!¡Saber renunciar a lo que seduce, pero lleva por mal camino, para comprender y elegir los caminos de Dios!. El discernimiento es un gran don, y nunca hay que cansarse de pedirlo en la oración. 

Finalmente, el Santo Padre se refirió al "don de la sorpresa", porque los Reyes Magos "acogen la sorpresa de Dios y viven su encuentro con Él maravillados, adorándole: en la pequeñez reconocen el rostro de Dios (...) Saber encontrar la grandeza en la pequeñez que Dios tanto ama (...) Así es como se encuentra al Señor: en la humildad, en el silencio, en la adoración, en los pequeños y en los pobres".

El Santo Padre explicó que "todos somos llamados por Jesús, todos podemos discernir su Presencia, todos podemos experimentar sus sorpresas (...). "Recordar cuándo sentimos una llamada de Dios en nuestra vida; o cuándo, quizás después de mucho esfuerzo, fuimos capaces de discernir su Voz; o también, en una sorpresa inolvidable que Él nos ha dado, asombrándonos. Que la Virgen nos ayude a recordar y custodiar los dones recibidos", concluyó el Papa Francisco .

Vivamos con gozo este día de la Epifanía. Dios se manifiesta al mundo, se da a conocer. Unos sabios venidos de lejos le adoran. Acerquémonos también nosotros a adorarle y ofrezcámosle el mejor don, nuestro corazón. Hagámoslo acompañados de María. 

Los tres Magos siguen la Estrella.


miércoles, 27 de diciembre de 2023

SANTA ANISIA

 


Santa Anisia

Anisia nació en Salónica, en Grecia, en el año 284. Quedó huérfana muy joven de padre y madre, y heredó una gran fortuna. Se consagró a Dios en la pobreza y la castidad, y se dedicó a ayudar a gente necesitada. Por amor a Cristo ayudaba personalmente a los pobres en todo lo que podía, tanto materialmente como espiritualmente. Eran tiempos en los que los cristianos compartían habitualmente lo que poseían con otros miembros de la Iglesia.
En tiempos del gobernador Ducisio se desató una cruel persecución en Tesalónica. Querían impedir que los cristianos se reúnan y celebren la liturgia y la santa Misa, y que incorporen a más cristianos mediante el Bautismo.
La tradición conserva el relato del martirio de Anisia. Era el año 304 y, tras cumplir con sus deberes, la joven se dirigió al lugar donde se reunía para celebrar la Eucaristía. De pronto, fue interceptada por uno de los guardias del emperador, que le cerró el paso y le preguntó a dónde se dirigía.
La santa confesó que era cristiana y que estaba camino a Misa. La firmeza de su respuesta provocó la ira del guardia. La golpeó, y tenía intención de arrastrarla a un templo pagano para sacrificar a los dioses romanos. Le arrancó el velo y la mató con su espada.
Años después de la muerte de Anisia, cuando ya había vuelto la paz a Tesalónica, tras el Edicto de Milán, los cristianos de aquella región construyeron un oratorio en el lugar donde la joven fue asesinada.
Aprendamos de esta santa su fidelidad a Cristo. Prefirió morir antes que renunciar a su fe. Seamos fervorosos en el amor a Jesús Eucaristía. Él nos espera siempre en el Sagrario. Se nos da como alimento en la Santa Misa. ¡Cuánto debemos agradecer tan grande Amor!.

Jesús en la Eucaristía


domingo, 17 de diciembre de 2023

SAN JUAN CANCIO DE KETY

San Juan Cancio de Kety

 Juan Cancio nació en la ciudad de Kety, en Polonia, el 23 de junio del año 1397. Aún era muy joven cuando fue ordenado sacerdote y nombrado profesor de la universidad de Cracovia. La envidia de alguno de sus compañeros terminó por conseguir que lo nombraran párroco de un pueblo lejano.

Tiempo después recuperó su puesto de profesor en la universidad de Cracovia. Durante muchos años dictó clases sobre las Sagradas Escrituras, explicando la Santa Biblia. Su fama llegó a ser muy grande. En las discusiones repetía lo que decía san Agustín:

"Combatimos el pecado pero amamos al pecador. Atacamos el error, pero no queremos violencia contra nadie. La violencia siempre hace daño, en cambio la paciencia y la bondad abren las puertas de los corazones".

Cuando predicaba acerca del pecado, lloraba al recordar la ingratitud de los pecadores hacia Dios, y la gente al verlo llorar se conmovía y cambiaba de conducta.

A sus alumnos les repetía estos consejos: "Cuídense de ofender, que después es difícil hacer olvidar la ofensa. Eviten murmurar, porque después resulta muy difícil devolver la fama que se ha quitado".

Fueron centenares los sacerdotes formados espiritualmente por él, y la gente lo llegó a llamar "el padre de los pobres" por sus muchas obras de caridad con los más desvalidos.

Un dato curioso sobre su vida académica tiene que ver con sus aportes al desarrollo de la denominada "teoría del ímpetu", elaborada originalmente por Jean Buridan con el propósito de explicar el movimiento de los cuerpos celestes. Dicha contribución pone a san Juan Cancio en la lista de quienes influyeron, a partir de la teoría mencionada, en la elaboración de la moderna teoría de la inercia (Galileo, Newton) y, por lo tanto, ha quedado reservado un lugar para su nombre en la historia de la Física.

Fue como peregrino, a pie, a Roma y Jerusalén, donde quería sufrir martirio en el imperio otomano, pero pudo volver sano y salvo.

Murió la noche del 24 de diciembre de 1473, durante la celebración de la Misa. Poco después, alguna gente empezó a visitar su sepulcro para llevar flores y pedir su intercesión; y empezó a difundirse la noticia de que Dios concedía muchas gracias y milagros a través suyo. Fueron tantos los testimonios de los favores concedidos, a tan gran número de personas, que se determinó abrir su causa de beatificación.

Fue beatificado en 1676 por el Papa Clemente X, y proclamado patrono de Polonia y Lituania en 1737. Años más tarde, el 16 de julio de 1767, fue canonizado por el Papa Clemente XIII.

Aunque murió en Nochebuena, se dispuso que su fiesta pase al día 23 de diciembre para evitar la coincidencia del día de su muerte, el 24, con la Nochebuena.

Pidamos a este gran santo la virtud de la humildad y la penitencia. Hoy, en este sábado tan cercano ya a la Navidad, acompañemos a nuestra Madre. Pidámosle que nos enseñe a acoger a Jesús en nuestros corazones.

Iglesia de santa Ana (Cracovia), con el sepulcro del santo.


domingo, 10 de diciembre de 2023

ANANÍAS, AZARÍAS Y MISAEL

Ananías, Azarías y Misael

 En el libro de Daniel, en el Antiguo Testamento, encontramos la historia de Abdenago, Misach y Sidrach, llamados también Ananías, Azarías y Misael. Son tres jóvenes judíos, que formaban parte de los exiliados en Babilonia, y desafiaron la orden del rey Nabucodonosor II de Babilonia. Este quería que se inclinaran y adoraran un ídolo de oro que había mandado construir. 

El rey Nabucodonosor, furioso al ver que era desobedecido, ordenó que los muchachos fueran arrojados a un horno. En el horno cantaron "Bendecid al Señor".

El rey contempló en el horno a los tres jóvenes que no eran quemados por las llamas, y una cuarta figura, un ángel o espíritu divino. Espantado el monarca, ordenó que salieran del horno, y decretó que cualquiera que dijere blasfemia contra el Dios de los judíos, fuera descuartizado y su casa convertida en muladar, pues vio que no hay dios que pueda salvar como este Dios.

Todo lo que se sabe de estos personajes bíblicos aparece en el libro de Daniel.

El cántico de Ananías, Azarías y Misael, dice así:

"Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor. Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor. Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor. Rocíos y nevadas, bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor (...)

Es un cántico precioso que se recita a menudo en la Liturgia de las Horas.

Sus supuestas reliquias se encuentran en la abadía de Montevirgine en Italia.

Veamos la fidelidad de estos jóvenes. Están dispuestos a dar la vida, antes que renegar de su fe. Seamos también firmes en nuestra fe.

San Juan Pablo II, reflexionando sobre este Cántico de los 3 jóvenes, comenta:

"En medio de la condena recibida por manos del rey, los tres no dudan en cantar, en alegrarse, en alabar... Las pesadillas se deshacen como la niebla ante el sol, los miedos se disuelven, el sufrimiento es cancelado cuando todo ser humano se convierte en alabanza y confianza, expectativa y esperanza... Esta es la fuerza de la oración cuando es pura, intensa, cuando está llena de abandono en Dios, providente y redentor. (...) El himno describe una especie de procesión cósmica, en el que todas las criaturas bendicen al Señor. El hombre debe añadir a este concierto de alabanza su voz alegre y confiada, acompañada de una vida coherente y fiel".

En esta vigilia al Domingo Gaudete, ya muy cercana la Navidad, alegrémonos con los tres jóvenes; alabemos al Señor porque hace cosas grandes, démosle gracias, no nos cansemos nunca de agradecer y de bendecir. El Señor ha sido grande con nosotros y estamos alegres.

San Juan Pablo II


domingo, 3 de diciembre de 2023

SAN JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN

San Juan Diego

 Juan Diego nació en 1474 en el "calpulli" de Tlayacac en Cuauhtitlán, a 20 kilómetros al norte de Tenochnitlán, en México. Cuando nació recibió el nombre de Cuauhtlatoatzin, que quiere decir "el que habla como águila" o "águila que habla".

Juan Diego perteneció a la más numerosa y baja clase del imperio azteca; según el Nican Mopohua, era un "macehualli" o "pobre indio", es decir, uno que no pertenecía a ninguna de las categorías sociales del Imperio, como funcionarios, sacerdotes, guerreros, mercaderes, etc., ni tampoco formaba parte de la clase de los esclavos.

Hablándole a Nuestra Señora él se describe como "un hombrecillo" o un don nadie, y atribuye a esto su falta de credibilidad ante el Obispo.

Se dedicó a trabajar la tierra y fabricar matas las que luego vendía. Poseía un terreno en el que construyó una pequeña vivienda. Más adelante, contrajo matrimonio con una nativa sin llegar a tener hijos.

Juan Diego, antes de su conversión, era un hombre muy devoto y religioso. Esto lo ayudó a  estar mejor preparado para que, entre los años 1524 y 1525, realice una opción total por el Señor Jesús, bautizándose junto a su esposa; él recibió el nombre de Juan Diego y ella el de María Lucia. Fueron bautizados por el misionero franciscano Fray Toribio de Benavente, llamado por los indios "Motolinia" o "el pobre", por su extrema gentileza y piedad y las ropas raídas que vestía. 

San Juan Diego era muy reservado y de un místico carácter. Le gustaba el silencio y realizaba frecuentes penitencias. Solía caminar desde su poblado hasta Tenochtitlán, a 20 kilómetros de distancia, para recibir instrucción religiosa. Tras la muerte de su esposa en 1529, se fue a vivir con su tío Juan Bernardino en Tolpetlac, a sólo 14 kilómetros de la iglesia de Tlatilolco, Tenochtitlán.

El caminaba cada sábado y domingo a la iglesia, partiendo a la mañana muy temprano, antes que amaneciera, para llegar a tiempo a la Santa Misa y a las clases de instrucción religiosa. Caminaba descalzo. En esas frías madrugadas usaba para protegerse del frío una manta, tilma o ayate, tejida con fibras del maguey, un cactus típico de la región. 

El sábado 9 de diciembre de 1531, muy de mañana, durante una de sus caminatas camino a Tenochtitlán, donde se dirigía a la Misa y al catecismo, cuando llegó a las faldas del cerro llamado Tepeyac, de repente escuchó cantos preciosos, armoniosos y dulces que venían de lo alto del cerro. Le pareció que eran coros de distintas aves que se respondían unos a otros en un concierto de extraordinaria belleza. Observó una nube blanca y resplandeciente, y se distinguía un arco iris de diversos colores.

Juan Diego quedó absorto por el asombro. De pronto, cesó el canto, y oyó que una voz como de mujer, dulce y delicada, le llamada, de arriba del cerrillo. Le decía por su nombre, de manera muy cariñosa: "Juanito, Juan Dieguito". Sin ninguna turbación, decidió ir a donde lo llamaban, alegre y contento comenzó a subir el cerrillo y se encontró en la cumbre con una bellísima Doncella que allí lo aguardaba de pie y lo llamó para que se acercara.

Ante Ella, Juan Diego se postró, y escuchó la voz de la dulce y afable Señora del Cielo, en idioma mexicano, le dijo: "Escucha, hijo mío el menor, Juanito. ¿A dónde te diriges?" . Y él le contestó: "Mi Señora, Reina, Muchachita mía, allá llegaré, a tu casita de México Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan, que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor, nuestros Sacerdotes".

La Virgen le dijo: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo". 

No le creyeron, y de regreso explicó a la Virgen lo ocurrido. Nuestra Señora le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el Obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el Obispo, le dijo que debía decirle a la Señora que le diese alguna señal. De regreso, Juan Diego narró a María los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo.

La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro. Juan Diego le explicó lo que ocurría. La Virgen le dijo que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.

Juan Diego desplegó su manta ante Monseñor Zumarraga, y cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.

Juan Diego vivió el resto de sus días custodiando la imagen de la Virgen impresa en la tilma y dedicado a la oración. Murió en la ciudad de México en 1548, a la edad de 74 años.

Fue beatificado el 6 de mayo de 1990 en la Basílica de Guadalupe por san Juan Pablo II, en su viaje a México, y canonizado el año 2002 por el mismo Papa.

Hoy sábado, 9 de diciembre se celebra su festividad. Es sábado, como el día que Juan Diego se encontró con la Virgen por primera vez.

Recordemos las palabras tan dulces que le dirigió: "¿No estoy Yo aquí que soy tu Madre?". Vivamos como hijos de tan buena Madre y confiemos siempre en su Amor incondicional por cada uno de nosotros.

Virgen de Guadalupe


martes, 28 de noviembre de 2023

SANTA BIBIANA

Santa Bibiana, estatua de Gian Lorenzo Bernini.

Hoy, 2 de diciembre, la Iglesia celebra santa Bibiana. En una familia romana cristiana e ilustre, nació Bibiana, alrededor del año 347, en el siglo IV. Los padres de Bibiana fueron Flaviano, prefecto de Roma, y Dafrosa, una mujer perteneciente a la nobleza romana. Bibiana tuvo además una hermana llamada Demetria.

Con la llegada al poder de Juliano II el año 361, Flaviano, el padre de Bibiana y muy buen cristiano, fue depuesto de su cargo y en su lugar fue nombrado Aproniano, un pagano muy cercano al nuevo emperador.

Los cristianos trataban a Juliano de "apóstata", porque al ascender al poder rompió con el régimen establecido por su predecesor, Constantino, a través del Edicto de Milán, y por haber renegado públicamente del cristianismo, declarándose pagano.

Flaviano, forzado a retirarse de la vida pública, se dedicó entonces al cuidado de los necesitados y perseguidos, así como a asegurar que los cristianos sacrificados en el martirio pudiesen tener siempre una sepultura decorosa, de acuerdo al mandato de la caridad cristiana. Cuando Aproniano, el nuevo prefecto, se enteró de esta nueva tarea asumida por su predecesor, lo mandó asesinar.

Muerto Flaviano, Dafrosa y sus dos hijas se deshicieron de sus bienes y pasaron a vivir en la clandestinidad. Las tres se mantuvieron escondidas, dedicadas a la oración constante y viviendo modestamente. Sabían que los tiempos eran malos y debían estar preparadas para soportar lo que viniese.

Pese al esfuerzo por permanecer ocultas, las mujeres fueron ubicadas y obligadas infructuosamente a renegar de su fe en Cristo. Como se negaron a hacerlo, Aproniano mandó ejecutar primero a Dafrosa, que murió decapitada el 6 de enero del año 362. Entonces, el prefecto intentó de nuevo forzar a Bibiana y Demetria a la apostasía; las encerró en una celda y les retiró todo alimento. Demetria murió de hambre. Bibiana, después de ser cruelmente tratada fue atada a una columna y flagelada hasta morir.

Llena de llagas en todo el cuerpo, habiendo soportado dolores indecibles, Bibiana entregó su alma a Dios en el altar del martirio, por amor a la fe, el 31 de agosto del año 363. Aunque los soldados echaron su cuerpo a los perros, un grupo de cristianos lo rescató y lo sepultó junto a las tumbas de sus padres y hermana, muy cerca de la casa en la que había vivido.

Poco tiempo después, cuando la persecución acabó, los cristianos hicieron del lugar un sitio de culto, donde iban a rezar. Décadas más tarde, el Papa Simplicio ordenó la construcción de la actual basílica dedicada a la santa, ubicada sobre el monte Esquilino, sobre el solar donde se asentaba la casa paterna. Dicha iglesia fue consagrada en el año 467, y restaurada por el Papa Honorio III en el año 1224. En 1626, el gran escultor Bernini elaboró una estatua de la santa, que permanece en su Iglesia.

La tradición cristiana aún venera la columna en que fue martirizada santa Bibiana en la iglesia que lleva su nombre en Roma.

Aprendamos de esta santa la firmeza en defender nuestra fe. Hoy también corren tiempos difíciles. Debemos dar testimonio de que somos cristianos, que nuestro gran Amor es Jesús, y si fuera necesario, estar dispuestos a dar la vida por Él. Nuestra Madre, la Virgen, nos lleve siempre de la mano para crecer día a día en amor al Señor y a los hermanos.

Iglesia de santa Bibiana en Roma


martes, 21 de noviembre de 2023

SANTA CATALINA DE ALEJANDRIA

Santa Catalina de Alejandría. Pintura de Caravaggio.

Hoy, 25 de noviembre, la Iglesia celebra santa Catalina de Alejandría. Catalina vivió en el siglo IV. Nació en Egipto, en el seno de una familia noble, hacia el año 290. Fue hija del rey Costo y desde muy pequeña destacó por su inteligencia. Dada su condición de princesa, recibió una esmerada educación. Sabía los conocimientos filosóficos de la época y era una buscadora incansable de la Verdad.
Su conversión al cristianismo empezó con un sueño en el que se le apareció Jesús, tras el cual empezó a interesarse en la fe cristiana. A partir de entonces, tanto su mente como su corazón se fueron transformando; Catalina pidió el bautismo y quiso consagrar su vida al Señor.

En el año 310, el emperador romano Majencio visitó Alejandría, ciudad donde vivía la santa, para presidir las ceremonias dedicadas a los dioses. Empezadas las festividades, el emperador ordenó que se ofrecieran sacrificios según la costumbre.
Cuando le tocó el turno de presentar su ofrenda, Catalina se negó a hacerlo y en vez de reverenciar a los dioses se santiguó delante del emperador. Este, enfurecido, la mandó llamar. Una vez que fue llevada a su presencia, Majencio cuestionó su conducta. Acto seguido, Catalina le retó a debatir sobre el Dios verdadero.
Tal fue la contundencia de las palabras de Catalina que el emperador quedó impresionado por su sabiduría y belleza. Entones, mandó llamar a un grupo de sabios para que debatieran con ella.
Cuando se llevó a cabo la confrontación, la santa no solo logró salir airosa de los cuestionamientos de los sabios, sino que argumentó con tal excelencia sobre Dios que ellos decidieron también abrazar la sabiduría que la santa poseía.
Como muchos otros que trataron con Catalina, los sabios se hicieron cristianos. El emperador, al enterarse de lo sucedido, ordenó que fueran ejecutados.

Majencio, en plan de darle a Catalina una última oportunidad, le propuso que fuera una de las doncellas acompañantes de la emperatriz. La santa rechazó la oferta, por lo que sería azotada y luego encerrada en un calabozo, sin alimento.
La consorte del emperador, conmovida, acudió a verla a su celda en compañía de uno de los generales de Majencio, Porfirio, para llevarle aliento y consuelo. Ellos fueron testigos de la aparición de unos ángeles que acompañaban y curaban las heridas de Catalina. La joven explicó que aquello venía de Dios, que es siempre compasivo y misericordioso; les habló de Cristo y ellos convirtieron sus corazones al Señor.
El emperador tomó lo sucedido como la mayor de las afrentas y mandó torturar a Catalina. Un grupo de soldados construyó un artefacto que tenía una rueda con clavos y cuchillas. Cuando sujetaron a Catalina, ella oró al Señor y el mecanismo saltó en pedazos.
Entonces, para asegurar que la santa muriera, se preparó la decapitación. El golpe de la espada del verdugo cercenó su cabeza en el acto. Cuenta la tradición que los restos de Catalina no llegaron a ser profanados porque unos ángeles se los llevaron al Monte Sinaí.
Dos siglos más tarde, el emperador Justiniano, quien era cristiano, erigió en el lugar el monasterio de santa Catalina en honor a la joven mártir, considerado uno de los más antiguos del mundo.
Los artistas representan a la santa con una aureola de tres colores: blanca, simbolizando su virginidad; verde por su sabiduría y roja por su martirio. La rueda que se utilizó para su martirio está, casi siempre, representada detrás de ella.
El refranero popular, tan rico en sabiduría, tiene varios refranes que hacen referencia a santa Catalina. Dicen así: "Para santa Catalina toda madera arraiga", refiriéndose a que, noviembre, es un mes adecuado para plantar árboles, "Por santa Catalina, nieve en la cocina", refiriéndose al frío invierno que se acerca; "Por santa Catalina, prevente de leña y harina", para pasar el invierno.
Estamos a un mes de la Navidad, y en la vigilia de la gran fiesta de Jesucristo, Rey del universo. Como santa Catalina, enamorada de Jesús, conocedora de la Verdad, esforcémonos para conocer más al Señor. Si le conocemos, le amaremos, y si le amamos le seguiremos (San Efrén).

Martirio de santa Catalina de Alejandría