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| San Pacomio. |
A la edad de 20 años fue enrolado a la fuerza en el ejército imperial, y fue hecho prisionero en Tebas.
Protegidos por la oscuridad de la noche, los cristianos llevaban a los presos un poco de alimento. El gesto de estos desconocidos conmovió a Pacomio quien preguntó qué o quién los llevaba a socorrerlos. La respuesta de los cristianos fue: "El Dios de los cielos". Aquella noche, Pacomio rezó al Dios de los cristianos que lo liberara de las cadenas, prometiéndole a cambio dedicar su propia vida a su servicio.
Convertido al cristianismo en prisión, tan pronto recobró la libertad cumplió el voto, uniéndose a una comunidad cristiana de una aldea del sur, la actual Kasr-es-Sayad, en donde tuvo la instrucción necesaria para recibir el Bautismo.
Después se puso al servicio de una comunidad, pero luego prefirió la vida asceta junto con otros monjes que le seguían. Recibió el hábito monástico, y al cabo de siete años, por inspiración divina, fue abriendo numerosos monasterios con el fin de recibir a los monjes en un régimen de vida común, y escribió para ellos una Regla.
La vida de los ermitaños de aquellos años era un poco extravagante. Su soledad podía tapar a menudo el engaño de su orgullo.
Para eliminar este peligro Pacomio, tuvo la inspiración de una nueva forma de monaquismo: el cenobitismo, o la vida en común, donde la disciplina y la autoridad reemplazaba la anarquía de los anacoretas.
Educó a sus monjes en la vida comunitaria, constituyendo, un poco lejos de las riberas del Nilo, la primera "Koinonía", una comunidad cristiana, a imitación de la fundada por los apóstoles en Jerusalén, basada en la comunión en la oración, el trabajo y el alimento, y concretada en el servicio recíproco.
El documento fundamental que regulaba esta vida era la Sagrada Escritura, que el monje aprendía de memoria y recitaba en voz baja durante el trabajo manual. Esta era también la forma principal de oración: un contacto con Dios mediante el sacramento de la Palabra.
Durante un paréntesis de soledad en el desierto, una voz misteriosa lo invitó a establecer su residencia en aquel lugar retirado, al cual después habrían llegado numerosos discípulos.
A la muerte de Pacomio, los monasterios masculinos eran nueve, más uno de femenino.
Del santo se desconoce el lugar de la sepultura, pues en su lecho de muerte dijo al discípulo Teodoro que escondiera sus restos, para evitar que sobre su tumba edificaran una iglesia, a imitación de las capillas construídas en las tumbas de los mártires.
Aprendamos del santo su gran amor al silencio y a la Palabra de Dios. Conozcamos y hagamos vida con fervor lo que Jesús nos dice en el Evangelio.
En el siguiente enlace podemos leer los gozos del santo.
https://algunsgoigs.blogspot.com/2022/01/goigs-sant-pacomi-en-castella.html
Aquí podemos conocer un poco más de su vida.





