| Santa Isabel de Portugal. |
Santa Isabel fue extremadamente bien formada desde su niñez. Desde muy pequeña, tenía una notable inclinación hacia la piedad, y un gusto especial por imitar los buenos ejemplos que leía en las vidas de las personas buenas.
En su casa le enseñaron que para agradar a Dios debía unir a sus oraciones, la mortificación de sus gustos y caprichos y esforzarse por evitar todo aquello que la pudiera inclinar hacia el pecado.
Sus educadores le enseñaron que una mortificación muy formativa es acostumbrarse a no comer nada entre horas y soportar con paciencia que no se cumplan los propios deseos, y esmerarse por hacer grata la vida a los demás.
Se dice que la gran santidad que alcanzó se debe en gran parte a la buena educación que recibió desde su niñez.
A los 15 años ya sus padres la habían casado con el rey de Portugal, Dionisio. Este admiraba las cualidades de su esposa, pero tenía muy mal genio y llevaba una vida bastante escandalosa, lo cual hacía sufrir mucho a Isabel, que soportaba todo con bondad y paciencia.
El rey dejaba libertad a su esposa para dedicarse a la piedad y a obras de caridad. Ella se levantaba de madrugada y leía cada día seis salmos de la Santa Biblia. Luego asistía devotamente a la Santa Misa; enseguida se dedicaba a dirigir las labores del numeroso personal del palacio. Se reunía con otras damas a coser y bordar y fabricar vestidos para los pobres. Las tardes las dedicaba a visitar ancianos y enfermos y a socorrer cuantos necesitados encontraba.
Hizo construir albergues para indigentes, forasteros y peregrinos. En la capital fundó un hospital para pobres, un colegio gratuito para niñas, una casa para mujeres arrepentidas y un hospicio para niños abandonados. Repartía con generosidad toda clase de ayudas.
Isabel rezaba por la conversión de su marido. Llegó hasta el extremo de educarle los hijos naturales que él tenía con otras mujeres.
Tuvo dos hijos: Alfonso, que sería rey de Portugal, sucesor de su padre, y Constancia, futura reina de Castilla.
En dos ocasiones Alfonso promovió la guerra civil en su país y se declaró contra su propio padre. Isabel trabajó hasta lo increíble, con su bondad, su amabilidad, su extraordinaria capacidad de sacrificio y su poder de convicción, hasta que obtuvo que el hijo y el padre hicieran las paces.
Algunas veces, cuando los ejércitos de su esposo y de su hijo se preparaban para combatirse, ella, vestida de sencilla campesina, atravesaba los campos y se iba hacia donde estaban los guerreros y, de rodillas, ante el esposo o el hijo, les hacía jurarse perdón, y obtenía la paz.
Son impresionantes las cartas que escribe tanto a su hijo como a su esposo. Dice así:
"Como una loba enfurecida a la cual le van a matar a su hijito, lucharé por no dejar que las armas del rey se lancen contra nuestro propio hijo".
Y también a su hijo:
"Haré que primero me destrocen a mí las armas de los ejércitos de mi hijo, antes que ellos disparen contra los seguidores de su padre".
"Por Santa María, la Virgen, te pido que hagas las paces con tu padre. Mira que los guerreros queman casas, destruyen cultivos y destrozan todo. No con las armas, hijo, no con las armas arreglaremos los problemas, sino dialogando, consiguiendo arbitrajes para arreglar los conflictos. Yo haré que las tropas del rey se alejen y que los reclamos del hijo sean atendidos pero por favor, recuerda que tienes deberes gravísimos con tu padre como hijo y como súbdito del rey".
Así Isabel conseguía la paz una y otra vez.
Su esposo murió muy arrepentido, y entonces Isabel dedicó el resto de su vida a socorrer pobres, ayudar enfermos, rezar y meditar.
Un día supo que entre su hijo Alfonso de Portugal y su nieto, el rey de Castilla, había estallado la guerra. Anciana y achacosa como estaba, emprendió un larguísimo viaje con calores horrendos y caminos peligrosos, para lograr la paz entre los dos.
Este viaje fue mortal para ella. Sintió que le llegaba la muerte y se hizo llevar a un convento de Hermanas Clarisas, y allí, invocando a la Virgen María murió santamente el 4 de julio del año 1336.
Dios bendijo su sepulcro con varios milagros y el Sumo Pontífice la declaró santa en el año 1626.
Santa Isabel es abogada para los territorios y países donde hay guerras civiles, guerrillas y falta de paz.
Pidamos a santa Isabel que sepamos ser instrumentos de paz a nuestro alrededor.
En el siguiente enlace podemos leer los gozos de la santa.
https://algunsgoigs.blogspot.com/search/label/Isabel%20reina%20%28santa%29
Aquí podemos ver un resumen de su vida.
https://www.youtube.com/watch?v=9wkLuM6oA5E&t=2s




