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| San Antonio María Claret. |
Hoy sábado, 24 de octubre, celebramos a san Antonio María Claret. El santo nació en Sallent de Llobregat el 23 de diciembre del año 1807. Sus padres fueron Joan Claret Xambó y Josefa Clarà Rodoreda. Fue bautizado en Navidad en la parroquia del pueblo. Fue el quinto de once hermanos, de los que solo cinco llegaron a la edad adulta. Eran profundamente cristianos. Su padre tenía unos talleres textiles donde trabajaban la familia y algunos obreros.
Hizo la primera comunión el año 1817, y comulgaba siempre que le era posible. Siendo niño deseó ser sacerdote. Empezó a trabajar en los telares de su padre. Posteriormente se trasladó a Barcelona para mejorar sus habilidades para el trabajo textil. Era muy buen trabajador, y paciente. Cuando se le rompía algún hilo del telar, él decía: "Tu te has roto, yo te haré un nudo", y continuaba pacientemente su tarea sin incomodarse.
Estando en la playa de la Barceloneta una ola lo arrastró mar adentro. Invocó a la Virgen y pasó a estar de nuevo en la orilla con la ropa seca.
Entró como seminarista en Vic en octubre del año 1829. El 2 de febrero del año 1832 recibió la tonsura, y comenzó a atender oficios religiosos en Sallent en Navidad, Semana Santa y verano.
El 13 de junio del año 1825 fue ordenado sacerdote. Dio su primea misa en la parroquia de Santa María de Sallent el 21 de junio, en un acto multitudinario al que también asistió su familia.
Le nombraron ecónomo de la parroquia de Sallent, pero fue descubriendo que su vocación era la predicación misionera. Se dirigió a Roma. Siempre a pie. En algunas ocasiones asaltado por ladrones. En cierta ocasión le detuvieron cuando cruzaba un bosque. Le dijeron:
"Alto. El dinero o la vida". Respondiendo él: "Tendrá que ser la vida, porque de dinero no tengo". "Si queréis a la vuelta, tengo que ir a predicar a un pueblo cercano. Al regreso podéis cumplir vuestro propósito". Le dejaron partir. Regresó por la noche. Ellos, ante su valentía, uno tras otro, fueron diciendo: "Es un héroe. Es un santo. Yo me quiero confesar con él, y yo, y yo..." Y cayeron a sus pies haciendo una buena confesión y, por supuesto, no le quitaron la vida.
De regreso a Catalunya, le destinaron a Viladrau, y allí, además de su tarea pastoral, se dedicó a atender a los enfermos, ya que los médicos habían huido a causa de la guerra. Se familiarizó con hierbas medicinales, y las enfermedades desaparecían.
El 15 de agosto de 1840 inició en Viladrau su primera misión popular. Después en otros pueblos vecinos, con gran aceptación.
Entre el 1 de marzo y el 16 de abril de 1843 predicó una cuaresma en Igualada. Predicó por toda Catalunya. También escribió y difundió libros y hojas volantes..
En 1847, en medio de la segunda guerra carlista, Antonio no podía darse a las misiones como antes. Fue enviado por su vicario capitulara a Canarias.
Los canarios le dieron el cariñoso sobrenombre de "Padrito". Cuando regresó a la península fue a Tarragona.
El 16 de julio de 1849 fundó junto con cinco compañeros sacerdotes la Casa-Misión de Vic, con el nombre de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, después conocidos como Misioneros Claretianos..
El 11 de agosto recibió el nombramiento para arzobispo de Santiago de Cuba. Quería renunciar, pero el nuncio insistió diciéndole que si renunciaba se opondría a la voluntad de Dios. Entonces aceptó el cargo.
El 6 de octubre de 1850 fue consagrado obispo. El 2 de noviembre visitó la Virgen de Montserrat, para poner bajo su protección al pueblo de Cuba y su ministerio episcopal.
Se embarcó en Barcelona el 28 de diciembre, llegando a su destino el 16 de febrero de 1851, después de haber hecho escala en Málaga y predicado numerosos sermones allí. La sede de Santiago llevaba 14 años vacante. Antonio permaneció en Santiago de Cuba hasta marzo de 1857, en que fue llamado a Madrid.
A los pocos días de llegar a Santiago de Cuba inició una misión con la colaboración de algunos de sus sacerdotes. Hizo numerosas campañas misioneras para llevar la Palabra de Dios a todos los poblados. Se dirigió al Santuario de la Virgen del Cobre para darle las gracias y confiarle todo.
Antonio María Claret se preocupó por la evangelización de los esclavos negros, combatiendo la discriminación que sufrían.
Recorrió su extensa archidiócesis en los seis años de su mandato. Sufrió un intento de envenenamiento. Mejoró la preparación religiosa de los seminarios. En 1853 consagró su archidiócesis al Corazón de María. Inició numerosos proyectos, colegios, bibliotecas, clases de agricultura. El mismo plantó con sus propias manos unos 400 naranjos. Proyectaba crear unas cuadras y unos corrales para promover la mejora de razas. Este proyecto quedó interrumpido por la llamada del arzobispo de Madrid.
El 1 de febrero de 1856 un hombre con una navaja le hirió la cara y el brazo. El 23 de febrero escribió al Papa para darle cuenta del atentado y para preguntarle si debía seguir o abandonar la isla. El Papa le respondió que sabiendo el bien que hacía, él quisiera que se quedase en Cuba, pero "si en tu prudencia conoces que puedes hacerlo sin peligro de tu vida". Tras esta respuesta, el santo se lanzó a una actividad creciente. No obstante, el 18 de marzo, recibió la noticia de que la reina le llamaba urgentemente a Madrid.
El mismo día de su llegada a Madrid, la reina le comunicó que le había elegido para que fuese su confesor. El santo nos ofrece este comentario sobre la reina Isabel II:
"Cada día lee la vida del santo, reza el rosario, oye misa, visita la imagen de la Virgen, frecuenta los santos sacramentos con mucho fervor y devoción. Cada año hace los santos ejercicios espirituales, cuando nos hallamos en la Granja, porque tiene el tiempo más libre. Nunca se cansa de cosas buenas. Además es muy caritativa, da mucho y con toda la buena voluntad.".

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